Mundo Posadas: Hospital de alta complejidad cultural

Por Javier Garat

Fotografías Lucas Saporosi

El Hospital Posadas es una institución ineludible a la hora de pensar no solo el campo de la salud si no también el funcionamiento del estado. Es un habitual protagonista de noticias sobre tragedias o corrupción y posee una mística inigualable para muchos de sus trabajadores. 

El 13 de noviembre del año pasado murió Emanuel, un ayudante de enfermería que buscando salvar a un paciente fue arrojado al vacío por el mismo. De allí en adelante el Hospital Posadas se vio sumido en una vorágine de apariciones en los medios, cambios en su dirección, denuncias de corrupción e intervenciones. Las palabras que siguen son un recorrido posible por sus pasillos y su historia. Abrigan la intención de aportar matices a un fenómeno que permanece opaco a miradas apuradas.

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El periodista mira a cámara[1] frunciendo el ceño con la gravedad de un pitbull y demanda un hashtag: #ArreglenElPosadas. Instantáneamente señala enardecido la inversión desplegada para construir el Centro Cultural Néstor Kirchner. Antes de pasar al informe que presentaría al Hospital Posadas como un hospital en guerra, arremete con un argumento avasallante: ¿no sería mejor invertir parte de ese dinero en arreglar el Posadas?

El previsible informe es llevado adelante por un cronista frenético y alucinado que cree estar en Kosovo. Con la verdad de las imágenes muestra el deterioro, la guerra y la humedad. Se indigna y no puede creer nada de lo que ve: ¿De verdad?, pregunta. Sí, de verdad, contestan. Señala, estira la mano intentando tocar la condición de los objetos. Porque sabemos, creemos, que si hay algo más veraz que lo que muestra la vista es lo que se ofrece al tacto.

Nadie explica: parecería no haber razones ni historia. En su exposición las imágenes cuentan la verdad, hablan solas, muestran la realidad y eso es todo lo que necesitamos para creer, saber y comprender. Sin más, el eficaz dispositivo logra su cometido. Con imágenes innegablemente fehacientes del deterioro del hospital muestran ya todo. La complejidad es aplastada en una perspectiva ahistórica. Allí, el razonamiento efectista y lineal del periodista encuentra su fertilidad. El camino es simple entonces: billetes. Sacar plata de acá y ponerla allá.

¿Cómo se explica la condición del hospital más grande del país? ¿Cuál es el derrotero histórico y cotidiano de semejante institución? ¿Qué se disputa en su interior? ¿Quiénes? ¿Por qué? ¿Cómo? Nadie formula preguntas ni ofrece respuestas. El cronista frenético no se detiene a pensar. Pero claro, al periodista rapaz no le interesa. Las imágenes ya han desperdigado su efecto de verdad. Tanto es así que al día siguiente, en el hospital, los trabajadores que habían presenciado el informe no podían dejar de decir, derrotados, que “todo era verdad”. A sabiendas, incluso, de que era una verdad que escamoteaba densidad.

Así, el periodista monta imágenes, compone una línea entre el CC Néstor Kirchner y el Hospital Posadas como si hubiera una relación directa, inmediata, entre un fenómeno y el otro. Pero las cosas nunca son tan simples.

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Cartografías

 

Podría comenzar narrando minuto a minuto la tragedia de Emanuel[2]. El ascenso del paciente desde la guardia y la caída, las reacciones de algunos personajes del hospital y la llegada de la fría policía. No sería difícil quebrar con golpes bajísimos la confianza con la que lxs compañerxs de Emanuel contaron su propia película del hecho. Palabras, sonidos e imágenes, recuerdos que erizarían la piel de los impasibles.

Podría, incluso, narrar los días después, el clima post-apocalíptico que se vivía en el edificio. La incertidumbre y el silencio quebrado solo por algunos grupos que doblando en las esquinas, o en los cuartos más oscuros, debatían, intercambiaban información. Murmullos inquietos en las penumbras.

Sería fácil relatar también las asambleas generales, el inmediato corte del Acceso Oeste, la renuncia del director ejecutivo, el despido de Donato Spaccavento y la intervención. Incluso sobre el proceder de los productores periodísticos de rapiña que llegaban convocados por la tragedia. De la opaca, fragmentada y obtusa cobertura periodística que se hizo de aquella noche esquiva. Pero no serviría de nada, no sería diferente a cualquier informe periodístico de poca monta.

Todo eso resulta baladí, en términos de comprensión, si no se repone, si no se insinúa al menos, un ápice de la complejidad de lo que llaman El Monstruo Ingobernable. Y aquí, mal que le pese al periodismo justiciero, la figura del cartógrafo es más pertinente que la del detective.

Arrojar, en principio, algunos datos objetivos -que no son tales ya que, sabemos, no hay objetividad luego establecer recortes, relaciones y jerarquías- puede ayudar a dimensionar la magnitud del fenómeno en cuestión. El Hospital Nacional Profesor Dr. Alejandro Posadas está ubicado en la localidad de El Palomar, a la vera de la autopista Acceso Oeste, en el Partido de Morón. Detrás del muro a sus espaldas se levanta el barrio Carlos Gardel, también conocido como la villa Carlos Gardel. Coordenada fundamental para pensar el Posadas al igual que las treinta cuadras que lo separan del complejo habitacional conocido como Fuerte Apache.

Hoy, el Posadas es el único hospital que depende exclusivamente del Ministerio de Salud, es decir, el único hospital nacional. Maneja un presupuesto anual de 1.400 millones de pesos -más que el presupuesto del Municipio de Morón- y tiene aproximadamente cinco mil empleados. De ese presupuesto, el ochenta por ciento está destinado a sueldos. Los trabajadores del hospital están nucleados en cinco agrupaciones o sindicatos: uno exclusivamente médico. De esos cinco solo UPCN y ATE tienen representación nacional. Esto implica, para la gestión, una negociación constante, poniendo sobre la mesa todos los intereses para buscar puntos de coincidencia, cosa que se ha hecho muy excepcionalmente.

Si bien ahora se encuentra intervenido, situación más irregular que la acostumbrada e histórica irregularidad, la gestión se estructura en un Consejo de Administración, con un presidente y tres vocales, que está por encima de todo y una Dirección Ejecutiva. Debajo se encuentran los Jefes de Servicio, es decir, los mandos intermedios.

El hospital pertenece a la Región Sanitaria VII[3]. Formada por diez municipios del oeste del Gran Buenos Aires, llega hasta Luján y General Las Heras y cuenta con una población de 2.253.772 habitantes. En la práctica, el área de influencia del posadas es mucho más grande ya que recibe personas de todo el arco del oeste que se extiende desde Jose C. Paz hasta San Justo. Por eso, la población a la cual debe responder asciende hasta los 6.000.000 de personas. En cifras cotidianas eso implica que todos los días se atienden entre diez mil y doce mil pacientes.

Según los entendidos un hospital es la empresa más difícil de manejar: funciona las veinticuatro horas los trescientos sesenta y cinco días del año y tiene un profundo impacto en la vida de la gente. Además, requiere de la articulación de componentes muy heterogéneos: grupos de administrativos, grupos de técnicos y grupos de profesionales de la salud diversos. Datos[4] que dicen mucho y a la vez no dicen nada.

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Contextos

 

Para muchos el hospital es un monolito hermético y homogéneo que se yergue tras la autopista conforme su vehículo avanza por el Acceso Oeste. Para otros, sus usuarios, es una de las caras materiales, reales, con las que esa cosa múltiple y esquiva que es el Estado se presenta en su vida: a veces siniestra y violenta, a veces la dichosa diferencia entre la vida y la muerte. Pero para los que lo transitan cotidianamente desde adentro es un mundo caótico, el Mundo Posadas: un conjunto casi infinito de servicios, áreas, personas, prácticas y sentidos. Una institución moderna, burocratizada e hipertrofiada que lejos de ser una unidad presenta fracturas que cargan con el peso de la Historia y las coyunturas.

El Dr. Soldat[5] es uno de esos médicos que recorren el hospital como si fuera su casa. Así lo siente y no es de extrañar: fue residente del año 86 al 88 y jefe de residencia en el 89. En 29 años de carrera -la mitad de la vida del hospital-, fue médico de guardia, médico de planta, investigador y ocupó mandos intermedios. Ha vivido épocas convulsas, contradictorias, eras de banderas levantadas y también momentos desangelados. Sabe, como muchos otros que han vivido los pasillos de las cuatro plantas de los siete pisos -56.000 m2- que si algo le sobra al fenómeno Posadas es complejidad.

Pero antes de empezar por el adentro, Soldat sugiere situar el hospital en su contexto regional.

—El hospital es de alta complejidad pero para manejar un área de influencia tan grande, le falta una articulación adecuada con los hospitales de menor complejidad del área. Hay un sistema formal, que es el de la región sanitaria, pero tiene más demanda que recursos disponibles y recién hace un tiempo, formalmente, se empezó a trabajar en la constitución de una red que supuestamente debería mejorar la capacidad de respuesta.

El Posadas está preparado para ser un hospital de alta complejidad pero lo cierto es que por ser el único hospital en la región con la cantidad de especialidades que tiene -muchas con guardia activa o pasiva-, debe atender también la mediana y la baja complejidad. El efecto directo de eso es una operatividad muy disminuida. Se complejiza la capacidad de respuesta y eso se traduce en una atención inadecuada: muchas horas de espera, mucho tiempo para lograr una cama o la cama adecuada, en el lugar adecuado con el equipo adecuado para tratarlo. Una cadena de causas y efectos viciosos que no es necesariamente lineal: una red de eslabones.

Según Soldat, esa es una de las grandes discusiones que se tienen que dar teniendo en cuenta el área de influencia y el déficit de camas. Esto requiere usar otros mecanismos un poco más imaginativos.

—Se puede crear un hospital domiciliario en articulación con los municipios. Hay muchas posibilidades pero primero hay que pensar a dónde se quiere apuntar.

Por eso todo tipo de solución que se proponga resulta fútil si no se piensa antes qué idea de salud perseguir, qué clase de hospitales requiere y qué tipo de profesionales de la salud se necesita para llevar esa idea adelante.

Por eso lo que sobrevuela como una necesidad fundamental es la pregunta política por la salud. La cual se encuentra en íntima relación con, como mínimo y para empezar, las políticas educativas. Pues los profesionales de la salud no nacen de un repollo, y menos aquellos dispuestos a dedicar su vida al ámbito público en localidades específicas. La reciente Lic. en Enfermería de la Universidad Nacional del Oeste es, por ejemplo, un caso en el que salud y educación públicas se cruzan con la intención de satisfacer una demanda local.

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Contradicciones de la ciencia-no-ficción

 

Frente a un panorama de gestiones fugaces los proyectos novedosos -creadores o de cambio- muchas veces son sostenidos por trabajadores del hospital. Lo que mal y rápido puede ser llamado “un cambio desde abajo”. Grupos de residentes, trabajadores de algún servicio en particular o personal autoconvocado en torno a un proyecto específico son algunas de las formas que cobran este tipo de transformaciones.

Un ejemplo sobresaliente es la creación del Servicio de Neurología Funcional hace ya cinco años orientada a la resolución de problemáticas de movimientos anormales. Este equipo autoconvocado está formado por profesionales de disciplinas como la psiquiatría, la neurocirugía, la neuropsicología y la bioingeniería.

Ellos fueron los primeros en ofrecer desde el ámbito público un tipo de cirugía gratuita para el tratamiento del Parkinson. El procedimiento, que fue importado desde Cuba en estrecha colaboración con el CIREN de La Habana, es todo un éxito. No solo porque mejora elocuentemente la vida de los pacientes sino también porque pasó de tener doscientas consultas por año a dos mil quinientas. Consultas que se hacen, incluso vía internet, desde toda la Argentina y sus países limítrofes.

Mientras tanto en el Bioterio del hospital se investigan formas de transgenización de animales superiores de forma más eficiente y barata. La idea es crear ovejas que den leche con factores de coagulación. Esta tecnología manejada en muy pocos países del mundo es desarrollada en la misma institución que no puede reparar la puerta de un ascensor o erradicar la humedad o las cucarachas.

Es el mismo hospital donde conviven clases medias profesionales, obreros, mujeres, hombres y niños, mendigos, pacientes de zonas rurales, del conurbano, de las provincias y de las naciones vecinas; pacientes oncológicos, psiquiátricos, policías, médicos prejuiciosos y discriminadores y médicos que entregan la vida; laboratorios farmacéuticos, perros y visitadores médicos; la fragmentación y la centralización descentralizada; el catolicismo pero también el gauchito, los evangelios y los testigos: el sincretismo. Tecnología de punta con la luz cortada, la modernidad del mármol pesado y solemne con sus nobles compañeros materiales, y la postmodernidad del durlock efímero, liviano y mutante, creando habitaciones, paredes y pasillos donde antes no los había. ¿Un hospital de las contradicciones o de la multiplicidad?

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Sedimentos de la historia, trazos del presente

—Desde hace muchas décadas el hospital se ha convertido en una institución de múltiples variables complejas.

La voz pertenece al Dr. Drago, a quien la militancia política desde temprana edad, su derrotero profesional -dos especialidades y la coordinación del área de docencia e investigación- y su perspectiva crítica lo hacen una rara avis.

Un médico que con altivez y no sin contrariedad sentencia:

—Me olvidé de Vélez, del orgullo del Nacional Buenos Aires y de la gloriosa JP por el glorioso Hospital Posadas.

Para Drago comprender la actualidad del hospital implica inscribirlo dentro de la historia reciente -fundamentalmente dos hitos: la dictadura del ‘76 y la década de los noventa- y, paralelamente, considerar los cambios poblacionales y de infraestructura de la zona.

En el año ‘73 el hospital fue redefinido como policlínico bajo un concepto ampliamente moderno y progresista, un Garrahan del Gran Buenos Aires. Se apostó por medicina independiente de excelencia, comprometida con las necesidades de su área de influencia. Tres años más tarde sufrió uno de los reveses más feroces.

Persecuciones, delaciones, desapariciones: la Historia es conocida. Lo que aquí importa es que esas prácticas, tal como lo desarrolla el sociólogo Daniel Feierstein, tienen como efecto la destrucción del lazo social. La puerta de entrada del individualismo, la de salida de la política como práctica cotidiana. La comunidad del hospital, tal como la del país, ya nunca pudo ser la misma.

Una década después el Banco Mundial emitió un informe titulado Invertir en Salud (1993) ligado al cambio estructural impuesto por el FMI. Como condición para los préstamos de rescate sugería una siniestra reforma en salud mercantilizadora y privatizadora. Su agenda oculta era la creación del mercado privado de la salud y la retracción del Estado.

Cambiando la racionalidad del sistema de salud se pasó de una lógica de satisfacción de necesidades a otra de mercado. Desde ese momento en adelante solo le correspondería al Estado hacerse cargo de las “fallas” del mercado. Un eufemismo que significa generar políticas paliativas para poblaciones desfavorecidas que no pueden acceder a la salud privada. En ese momento, el Posadas fue redefinido como un hospital de autogestión, lo que implicó que se financiaría cobrando sus servicios a personas que pudieran pagarlo.

En el día a día este abandono neoliberal del Estado significó la aparición del clientelismo -conseguir cosas con favores por fuera del sistema formal- y una relación con el flamante sector privado. De lo segundo es interesante pensar cómo en un contexto de sueldos bajos, los médicos se vieron obligados a trabajar también en el sector privado restando al hospital horas de trabajo pagas. Una práctica que de diversas formas, por otras razones y con otros efectos, sigue aconteciendo.

Ese es uno de los modos en que se puede pensar cómo las coyunturas contribuyen a producir prácticas cotidianas que hacen a una cultura del trabajo específica, por un lado, y a una relación particular entre el Estado y el sector privado, en este caso, financiandolo.

Mientras el tejido social del hospital se descomponía y las prácticas, los sentidos y las normas escritas y tácitas se iban sedimentando al ritmo de la gran política, el oeste del conurbano también se transformaba. Con la autopista y los remises, por ejemplo, el Posadas dejó de ser una institución en soledad cobrando conectividad -particularmente la guardia-.

Sin embargo, para Drago el mayor cambio fue de población.

—Cuando entré en el 86 la gente que venía era prácticamente indigente. Las clases medias de alrededor venían a usar los consultorios externos de alta complejidad pero no se internaba. Por el deterioro de los años noventa las clases medias empezaron a venir más. Nos sorprendía que nuestros pacientes tuvieran celular y/o auto. Esto fue cambiando la fisonomía del hospital.

Ya en el dos mil el universo se volvió mucho más amplio y heterogéneo, haciendo del Posadas un emplazamiento fundamental para la investigación y la formación. No en muchas instituciones hospitalarias puede observarse una gama tan amplia de patologías y problemáticas.

Volviendo al principio, los cambios en el área de influencia requieren respuestas por parte del hospital. Esto reinscribe cualquier tipo de propuesta transformadora en la consideración más amplia de una política de nacional de salud, o por lo menos regional, considerando también las relaciones con el mundo de la educación, el transporte y el trabajo.

Si algo queda claro al recorrer el hospital y escuchar a sus usuarios es que la idea abstracta de salud es, en la práctica, un entramado que expresa relaciones específicas entre diferentes esferas de la sociedad.

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Post-operatorio

 

El que aquí se ofrece es uno de los tantos recorridos posibles. Es solo una manera de insinuar la complejidad de un fenómeno esquivo. Un hospital que es, antes que nada, un conjunto de prácticas, protocolos y normas que no se construyen solo desde arriba sino que día a día se modelan y sedimentan, se modifican y se vuelven a fijar. Y por supuesto, las personas que las encarnan, las que reproducen esos procedimientos al mismo tiempo que los transforman.

Entonces #ArreglenElPosadas. ¿Cómo? Aquí tampoco se ofrecen respuestas. Más sí preguntas: ¿Cómo se reorganiza una institución semejante teniendo en cuenta que esa reorganización requiere de la reorganización de todas las vidas que lo componen? ¿Cómo se transforma radicalmente la cultura del trabajo? ¿Cómo se practica el cambio en base a un horizonte político de transformación de larga duración cuando hay que palear los intensos problemas de todos los días? ¿Cómo se sostiene un cambio en tiempos de gestiones perecederas? ¿Cómo…?

Luego del informe y aún más enojado el periodista vuelve a mirar a cámara. Con semblante justiciero, protegiendo a los trabajadores que dieron testimonio exclama:

—Tocan a un solo empleado (…) y lo vamos a poner en todos los medios de comunicación que tengamos a nuestro alcance.

Quizás el impersonal tocan es lo más revelador del informe. En sus artimañas polarizantes el periodista se dirige a un enemigo que por más que busque no va a encontrar. Es solo otro modo de obturar la comprensión, de reducir la historia y la política a una serie de personas cuando de lo que se trata es de reponer su dimensión colectiva.

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Javier Garat. Nacido y criado en San Antonio de Padua, Se licenció en Sociología en la Universidad de Buenos Aires. Actualmente enseña Historia del pensamiento social y político en la Universidad Nacional de Moreno y Antropología y salud en la Universidad Nacional del Oeste. sinpalabras@gmail.com

Lucas Saporosi. Sociólogo y director de cine.

[1] El informe puede verse en https://www.youtube.com/watch?v=RPfhggWXik4

[2] http://www.clarin.com/sociedad/tragedia-salud_publica-camillero-suicidio_0_1248475247.html

[3] http://www.ms.gba.gov.ar/sitios/regionsanitaria7/

[4] Todos los datos fueron obtenidos mediante entrevistas a personal del hospital de diversas jerarquías.

[5] El nombre es ficticio ya que el entrevistado prefiere mantener el anonimato.